viernes, 22 de julio de 2016
33- Mejorando el idioma.
33- Mejorando el idioma
15, 16 y 17 de julio
Las clases con Wasson siguen avanzando a buen ritmo. Se vio
la película Ocho apellidos vascos, aunque lo único que entendió fueron los
saludos y ni tan siquiera supo escribir bien los nombres de los protagonistas.
Le ha quedado claro que en el sur de España es como si hablaran otra lengua y
que en el norte sí lo hacen. Me presentó también a su novia, Wang Lu, que está
estudiando derecho. Tiene los ojos más grandes que he visto nunca, de color
casi negro y achinados (cómo no). Cuando me mira con cara de sorpresa y los
abre da la impresión de que me esté haciendo una radiografía o me quiera
convertir en piedra. Durante nuestras lecciones ella me ayuda a repasar la
pronunciación de las palabras en chino mientras Wasson hace los deberes que le
han puesto en clase, después yo le corrijo los deberes y él practica la
pronunciación del castellano. En cierto aspecto me parece injusto que yo tenga
que aprender la pronunciación exacta de las palabras así como la entonación
para hacerme entender, mientras que a él le basta decir las cosas de manera
aproximada. Ya le he dicho que no se preocupe por pronunciar “l” en lugar de
“r”, que eso lo hacen todos los chinos y que en España lo entenderán sin
problemas. Eso sí, cuando ellos hablan en chino la pronunciación y entonación
se la pasan bastante por el forro, dicen las frases muy deprisa y únicamente
entonan la última palabra. Pero como yo hablo muy despacio tengo que tener
cuidado con la entonación de cada palabra. Al menos debo. Aini es capaz de mantener conversaciones en
chino y no se sabe la entonación de la mayor parte de las palabras. Los propios
chinos no lo tienen muy claro siempre.
Wasson tiene los márgenes de su libro de castellano
cubiertos por anotaciones que toma en clase. En el tema de partes de una casa,
debajo de “armario”, había manuscrito “salir del armario”. Le pregunté si sabía
lo que significaba y se empezó a reír. Debajo de “hijo” había escrito “hijo de
buda”. Muy astuto el profesor, un chino lee buda igual que puta. Le expliqué
que el castellano es un idioma de una gran riqueza, y que esa frase tiene
múltiples e interesantes usos. Que se la puede decir a un amigo para fortalecer
la amistad, pero si la usa con un desconocido por la calle seguramente reciba
un puñetazo. También le dejé claro que nunca, bajo ningún concepto, llame puta
a una mujer. Un poco más abajo, sin tener conexión alguna con las palabras del
libro, había escrito “terrorismo”, “peligro”, “ETA”. Fue el mismo día que el
atentado en Francia, supongo que por eso sacaron el tema en su clase. Le dije
que no se preocupara, que en España no había terrorismo y que era un país muy
seguro, aunque no tanto como China. Aquí con tanta cámara de vigilancia y
guardia de seguridad nadie intentaría nada raro. Por ejemplo, no es concebible
que te roben algo en la facultad. En España que a alguien le sustraigan el
portátil si lo deja en la biblioteca sin vigilar es frecuente, aquí a nadie se
le ocurriría porque quedaría grabado. En ese sentido es todo muy seguro, al menos
en los sitios donde hay cámaras. Por la calle la gente siempre deja las
bicicletas donde hay una cámara. Me comentaron hace unas semanas que habían
apuñalado a alguien en una discusión, en un sitio indeterminado en el distrito
de Haidian. Gracias a la conversación me enteré de que la criminalidad es muy
baja y que nadie, ni los criminales, tienen armas de fuego en este país.
Tampoco recuerdo haber visto a ningún policía armado desde que llegué. En
resumen, que al menos la capital es muy segura.
El fin de semana fue relajado. Hasta que mi tutor en España
o el Dr. Bi-Cheng aquí revisen los trabajos que les he enviado, no puedo hacer
gran cosa. Me da pereza comenzar el capítulo de introducción de la tesis ya que
en pocos días tendría que dejarlo aparcado para empezar otra cosa. Claro que
eso es lo que me llevo repitiendo una semana y nadie da señales de haber
corregido mis otros trabajos. Lo de España lleva cola, le envié a mi tutor las
revisiones corregidas de un paper varias semanas antes de venir a China (finales
de abril, principios de mayo) y la introducción de otro trabajo el mes pasado.
Yo quiero trabajar, en serio, son las circunstancias las que me empujan a la
vagancia. No una vagancia completa, que conste. El viernes me fijé que Wang Lu
estaba leyendo un libro, Discurso sobre la desigualdad de Rousseau (tenía dos
copias, una en chino y otra en inglés). Por lo visto le hacía falta leerlo para
la cerrera. Era un autor que tenía pendiente, así que el fin de semana me leí
Discurso sobre la desigualdad y comencé El contrato social, aunque el domingo
lo dejé a medias. Es bastante más coñazo que el otro, pese a que ambos están
escritos en un lenguaje bastante claro y al ser ensayos plantean las cosas
desde lo más simple hacia lo más complejo. Basta decir que Discurso sobre la
desigualdad analiza los motivos que dieron lugar al lenguaje en los humanos. Se
trata de teorías que posiblemente estén desfasadas actualmente, pero es muy
interesante cómo Rousseau llega a ese tipo de conclusiones empleando la lógica
en su forma más pura, con una abstracción total del empirismo.
El domingo decidí no ir a la facultad, me pasé el día en la
habitación del hotel leyendo. Aproveché el almuerzo y la cena para dar paseos
por el campus. Los días que hace sol el ambiente está cargado (me parece una
expresión adecuada para este caso concreto) con el canto de las cigarras. Es un
zumbido suave y constante que proviene de los árboles. No me ha coincidido
todavía de ver ninguna cigarra, tengo entendido que son unos insectos muy
bonitos. Otro insecto peculiar es una polilla, de varios centímetros de largo y
alas de color vino tinto o crema, por debajo de las cuales sobresalen unas
patas negras parecidas a las de una araña. Parece un híbrido entre ambos
animales, o bien una polilla parásita que utiliza una araña para desplazarse
por el suelo. Los troncos de algunos árboles están cubiertos por estos insectos
de aspecto curioso. Por lo demás, lo único interesante del fin de semana fue
que probé un nuevo tipo de algas en el comedor. Eran tiras alargadas de color
verde oscuro, del aspecto que tienen las algas de la playa. Estaban anudadas en
forma de lazo y el sabor era interesante, con un ligero toque salado, el sabor
que uno espera que tenga un alga.
viernes, 15 de julio de 2016
32- Hànyu bú tài nán
32- Hànyu bú tài nán
12, 13 y 14 de julio
Los días posteriores al experimento transcurrieron con
bastante tranquilidad. El jueves por la tarde fui al invernadero a regar las
plantas y comprobar que todo estuviera correcto. Las del tratamiento con Agasicles
muestran señales claras de daño en las hojas mientras que las de Planococcus
no, como era de esperar, ya que son insectos pequeños que
se dedican a chupar savia. La principal sorpresa me la dieron las plantas de
los tratamientos de daño simulado a las hojas, pues han crecido tanto que la
parte superior de las plantas no tiene daños en absoluto. El lunes les tocará
otra ronda de estrés.
El Dr. Bi-Cheng está estresado, más que de costumbre, hasta
el punto que hay días que se los pasa en el laboratorio tomando medidas de sus
plantas y no le veo el pelo. No hemos vuelto a coincidir a la hora de las
comidas desde que regresó a Beijing. No hay mal que por bien no venga, el
miércoles en el comedor conocí a un chino muy simpático que se sentó en mi mesa
y empezó a hablarme. No entendía demasiado de inglés y yo de chino todavía
menos (aunque eso va mejorando). Me regaló un paquete de té verde que llevaba y
me dijo que a ver si nos encontrábamos más a menudo, que va todos los días a
ese comedor. Con gente así de maja uno lleva mejor la soledad de vivir en el
extranjero.
La principal novedad esta semana ha sido que he retomado las
clases de chino con Wasson, tras una semana de pausa en la que él no estaba en
la ciudad. Al comenzar el mes de julio ha empezado a ir clases de español, una
paliza tremenda de seis horas al día.
Tendrá 40 días de clases intensivas y después un examen que, dice, es muy
estricto. No harto de tanta clase, todos los días quedamos dos horas para
practicar. Su nivel está mejorando a un ritmo sorprendente, ya pronuncia la ñ
aceptablemente bien. Me ha preguntado por películas españolas, para ver con
subtítulos y aprender vocabulario y familiarizarse con el acento. En su clase
el profesor les ha recomendado Ocho apellidos vascos, no sé si es una idea
terrible o brillante por el tema de los acentos. Le he dicho que se vea alguna
de El Quijote y Asesinos inocentes, que es la más moderna que he visto y me ha
gustado. Ahora que lo pienso, le diré que se vea todas las de Luis Tosar. O
mejor, las de Torrente.
El martes dimos la clase en mi habitación del hotel, igual
que las anteriores, pero los días siguientes fuimos a otro sitio mucho más
apropiado. Resulta que bajo el gran edificio de forma extraña que hay en el
campus (supuestamente es un árbol, según Aini) hay una cafetería-sala de
estudio a donde los estudiantes pueden ir gratis y echar allí el día. La sala
de estudio es fascinante, está decorada con plantas y tiene estanterías con
libros para leer, etiquetados como los de una biblioteca. Hay hasta un piano en
el que unas chicas estuvieron tocando El lago de los cisnes el jueves por la
noche y de fondo suena música relajante. Es un ambiente ideal para ir a
trabajar, a leer un libro o para que un español repita en voz alta una y otra
vez la misma frase en chino cometiendo todos los errores imaginables. No
obstante, poco a poco voy mejorando. Estoy aprendiendo palabras sueltas, que me
serán útiles cuando quiera formar frases complejas. También me empiezo a
familiarizar con algunos caracteres, aunque estoy centrando mis esfuerzos en
aprender a hablar chino más que a leerlo.
Las cosas que he aprendido en estos tres días son
principalmente frases cortas de uso común: España, español, buenos días, buenas
noches, hasta mañana, adiós, lo siento. Otras como “soy de España”, “¿habla
inglés?” o ”repítalo más despacio, por favor” las tengo apuntadas y espero
memorizarlas pronto. Me resulta muy difícil, debido a que hay que aprender
muchas sílabas a las que no les encuentro sentido. España se dice xi ban yá,
que es relativamente sencillo de aprender, pero “soy español” es wo shì cóng xi
ban yá lái de. La c de cong se lee “ts” y “de” se pronuncia “da”. Aparentemente
no hay una norma clara que explique cuándo una e se pronuncia como e y cuándo
como a. No tengo claro si mi nivel progresa de manera adecuada para el tiempo
que le estoy dedicando o me cuesta demasiado aprender cosas muy sencillas.
Espero tener una base decente en septiembre, cuando comenzarán las clases de la
escuela de idiomas y podré tomármelo en serio.
jueves, 14 de julio de 2016
31- El experimento.
31- El experimento
10 y 11 de julio
La habitación estaba sumida en la penumbra a excepción de un
potente foco que apuntaba directamente a mi cara, cegando mi visión. Me
encontraba atado con corres a una silla metálica, completamente inmovilizado, y
alguien me había colocado electrodos en… ah, no. El experimento del que tenía
que hablar no era ese, era el de las plantas y los insectos.
Había quedado con el Dr. Bi-Cheng en el invernadero a las
9:30, pasé antes por la oficina para recoger todos los escarabajos adultos que
viera en los dos terrarios. Obtuve la asombrosamente alta cifra de 50, pero
conste que por la noche al regresar a la oficina conté otros 20 que por la
mañana estaban escondidos. El Dr. había decidido liberar cuatro escarabajos en
cada uno de los tratamientos. Puesto que no conocemos el sexo de los
escarabajos, esto aumenta las posibilidades de que al menos haya un macho y una
hembra en cada grupo, con lo cual de cara al final del experimento tendremos
también larvas alimentándose de las plantas. Sin embargo, estadísticamente,
alguna de las plantas podría tener un grupo de sólo machos o sólo hembras. En
cuanto a la otra especie, Planococcus minor, que es una especie de pulgón
aplanado con pelillos blancos en el lomo y que se ceba en las plantas
asilvestradas del invernadero, la idea era liberar 10 en cada planta. Esta
especie no se usa en control biológico, de hecho es una plaga en muchos países
porque se alimenta de todo tipo de plantas, incluyendo las que tienen
aprovechamiento agrícola.
Por la mañana, con ayuda de dos estudiantes, comencé a
introducir las plantas apicales dentro de las jaulas para insectos que había
ensamblado el mes anterior. Resultó ser un trabajo complicado, pues la mitad de
los tratamientos requerían que la maceta apical y la basal permanecieran
conectadas. Era difícil meter la planta en la jaula y también evitar romper el
tallo que unía las dos macetas. Alguno me lo cargué, motivo por el cual tuvimos
que pasar de 8 réplicas a 7. De todos modos el Dr. sugirió hacer eso ya antes
de comenzar el trabajo. Tuvimos que volver a homogeneizar los grupos y resultó
que había dos plantas mucho más grandes que el resto, que en modo alguno cabían
en las jaulas, así como un par de plantas medio mustias que no habían crecido
lo suficiente. Con las plantas que descarté una vez organizados 7 grupos
homogéneos sustituí aquellas plantas que rompí. Fueron dos, una el domingo al
introducirla en la jaula y la otra el lunes por la tarde al abrir la cremallera
para aplicar un tratamiento de hormonas. Las jaulas están cubiertas de malla y
se cierran con dos cremalleras. Con un poco de paciencia y práctica conseguí
cerrar todas las jaulas dejando un centímetro de separación entre las
cremalleras, lo justo para que pasara el tallo. Así se evita que los insectos
escapen o bien entren, dependiendo del tratamiento.
El calor era tan sofocante que el sudor me goteaba por la
cara y mis pantalones vaqueros terminaron empapados. En una parte del
invernadero hay un termómetro de mercurio con dos medidores, uno indica la
temperatura máxima y el otro la mínima, gracias a gotitas de mercurio que se
quedan en la marca correspondiente. La temperatura mínima el domingo era de 30
grados y la máxima de 45. Fuimos a comer pasadas las 12:30. Mis compañeros
fueron cada uno a un sitio diferente, yo me dirigí a la cafetería del campus y
luego al despacho para descansar un poco y beber un té. A las 14:00 regresé al
invernadero, donde comencé a meter los insectos en sus jaulas correspondientes.
Con los adultos de Agasicles no tuve demasiados problemas,
dejando de lado que saltan y debía estar atento para evitar que alguno se
escapara. El lunes por la tarde todos seguían en las cajas y ya se veían
tímidas señales de herbivoría en las hojas. En cuanto a Planococcus, pese a que
la idea era introducir 10 adultos por planta, no había forma práctica de
hacerlo. El Dr. Bi-Cheng me dio unas “pinzas” de plástico (que en realidad se
usan para mantener los tallos de las plantas pegados al suelo y que echen
raíces) y me dijo que cogiera con ellas a los insectos. O bien los aplastaba o
bien se caían de camino a la jaula, yendo a parar sobre los rametos basales.
Opté por otra opción, mucho más práctica y sencilla. Los insectos infestaban
las plantas silvestres hasta el punto en que los nudos de los tallos (de donde
salen las hojas) están cubiertos por una masa de adultos y crías. Simplemente
corté varios nudos, intentando que tuvieran aproximadamente el mismo número de
insectos, y los fui colocando en la base de los rametos apicales. Me sentía
como un bioterrorista, inoculando una plaga a los cultivos para que aniquile la
cosecha. Si finalmente llevo unas muestras de Alligator de China a España, para
comparar ambas poblaciones, debo tener cuidado de que no haya polizontes
indeseados en las plantas. Puesto que los tallos están huecos, los insectos de
distintas especies se introducen dentro cuando no están devorando las hojas.
Terminé de inocular los insectos casi a la hora de cenar. El
Dr. Bi-Cheng y los dos alumnos estaban atareados cosechando los resultados (sí,
se dice así porque son plantas) de otro experimento. Se trata de comprobar el
papel del efecto maternal en plantas de Alligator frente a Planococcus. Hay
cuatro grupos de plantas; dos con Planoccocus y dos sin él; dos con efecto maternal
y dos sin él. El resultado evidente es que las plantas sin Planococcus crecen
saludables, hasta el punto de que los tallos echan raíces al tocar el suelo,
mientras que las plantas sometidas al insecto apenas tienen hojas y los tallos
están raquíticos y secos. Sin embargo, las plantas tienen muchísimas flores.
Algo que también observo en las plantas de los terrarios es que, cuando están
sometidas a un estrés que las termina matando, gastan sus últimos recursos en
desarrollar flores. Esto está explicado por una teoría que leí el mes pasado,
según la cual una planta clonal no se reproduce sexualmente cuando las cosas le
van bien (Alligator sólo se reproduce clonalmente en las zonas invadidas),
mientras que si está sometida a estrés le interesa la reproducción sexual, para
que su descendencia tenga genes de otra planta que pueda estar mejor adaptada.
Por la noche el Dr. Bi-Cheng y yo fuimos a un laboratorio de
la décima planta de la facultad a preparar el tratamiento con ácido jasmónico,
que es una hormona vegetal (fitohormona) que participa en los procesos
defensivos (también es el componente principal de la esencia de jazmín, de ahí
el nombre). Dos de los tratamientos incluyen insectos, otro daños simulados a
las hojas, otro una hormona, otro daños en las hojas conjuntamente con la
hormona y finalmente un control sin ningún tipo de daño. Todo eso para plantas
conectadas y desconectadas, lo cual hace un precioso experimento con 12
tratamientos y 7 réplicas cada uno, que vienen siendo 168 macetas (contando
basales y apicales). Una cosa preciosa que tiene la ciencia es que, si te basas
en trabajos previos para realizar tu experimento (debes citar las fuentes,
claro, aquí no se considera algo malo admitir que estás copiando a alguien) no
tienes que darle demasiadas vueltas. Para la preparación del tratamiento con
jasmónico y su aplicación nos basamos en otro trabajo (también con Alligator y
de unos chinos, lo cual es estupendo) y para la aplicación del daño simulado a
las hojas también.
Por la noche dejamos preparados 100ml de solución de ácido
jasmónico, con todo el contenido que había en el diminuto aunque
exorbitantemente caro frasquito que el Dr. había comprado, así como otro matraz
con un control de agua y etileno. Las plantas que no reciban ácido jasmónico serán
pulverizadas con el control, para asegurarse de que el etileno (presente en
ambos matraces) no causa efectos a mayores en los tratamientos de ácido
jasmónico. Basándonos en el mismo principio de homogeneidad, introducimos todas
las plantas en las jaulas para insectos y no sólo aquellas con los tratamientos
de insectos, para que los efectos secundarios (sombreado, limitación de
crecimiento) sean los mismos en todos los grupos. Fuimos a comprar unos
pulverizadores a la tienda que está en la salida del campus y regresamos para
rellenarlos con el ácido jasmónico y el control.
Por la mañana me puse a aplicar el tratamiento de daño
simulado en las hojas, pero no conseguí terminar antes de la hora de comer, así
que fui a la cafetería y regresé directamente al invernadero después, temiendo
que por la tarde no me llegara el tiempo para terminar. El tratamiento de daño
en las hojas consiste en cortar el 50% de cada hoja de la planta, con unas
tijeras y por la mitad (transversalmente). Los daños son superiores y más realistas
que si simplemente se arrancaran el 50% de las hojas, pues las restantes
estarían intactas. Hubo quien comprobó que el daño aplicado cortando las hojas
por la mitad causa las mismas respuestas que utilizando una perforadora de
folios para realizar agujeros circulares, con la ventaja de que cortar las
hojas lleva menos tiempo.
Finalmente, cuando ya era por la tarde y el sudor volvía a
chorrear por mi cara, me puse a aplicar el tratamiento con la hormona y el
control. El control fue sencillo, consistió en abrir cada jaula de insectos y
pulverizar la base de las plantas un par de veces. Sin embargo, evité aplicarlo
en los tratamientos con insectos por si el alcohol les perjudicaba o impedía
que pudieran alimentarse de la planta. Aplicar el ácido jasmónico fue más
complicado y me llevó cerca de tres horas. Se trata de una hormona volátil, por
lo que hay que evitar que afecte a las plantas adyacentes al tratamiento. Para
esto (según la bibliografía consultada), se apantallan las plantas de los
laterales utilizando folios o sobres de papel, se aplica el tratamiento en el
ápice principal de la planta (puede haber varios, en tallos secundarios) y se
cubre el ápice con una bolsa de plástico hasta que haya secado. En el
invernadero sólo tenía cuatro bolsas de plástico, que había utilizado para
transportar los insectos el día anterior, por lo que debía esperar un cuarto de
hora tras aplicar la hormona a cada uno de los 7 grupos. Volveré a aplicar la
hormona y cortar las hojas nuevas cada semana, así que la próxima me acordaré
de llevar bolsas al invernadero.
Había bastante gente trabajando, incluyendo al Dr. Bi-Cheng
(que seguía cosechando los resultados de su experimento, trabajo que le llevará
varios días completos) y alumnos que preparaban macetas con Hidrocotile
vulgaris para el experimento de gases de efecto invernadero. Entre estos se
encontraba Lu, ayudándolos o más bien dirigiéndolos. Terminé de trabajar a eso
de las 17:00 y estaba pensando en ir a tomar una ducha al hotel antes de cenar
cuando me ofrecieron ir a cenar con ellos a un restaurante, cosa que no pude
rechazar. Fuimos a uno que se encuentra cerca de la facultad, en uno de esos
barrios en los que los bajos de todos los edificios tienen alguna tienda o
restaurante, con carteles brillantes cubriendo toda la fachada (que yo por
supuesto soy incapaz de descifrar). Los platos de la cena fueron: una especie
de pizza de masa fina compuesta simplemente por la masa y salsa barbacoa encima
(picante, picante); lo que parecían rodajas de plátano en salsa brava, que
resultaron ser rodajas de tofu; pollo Kung Pao; una olla enorme de carne y
noodles anchos y aplastados; un plato de noodles finísimos con hojas de
lechuga; unas patatas fritas con sésamo y tiras de pimiento que picaban
excesivamente (tanto las patatas como los pimientos, aunque estaba delicioso) y
finalmente una versión low-cost del pato a la pekinesa, que consistía en tiras
de carne de cerdo, salsa, cebolla picada y unas láminas de tofu en las que se
enrollaba todo. Sabía casi igual al pato, pero no era lo mismo. Nos bebimos
varias cervezas entre Lu y yo, mientras que las estudiantes prefirieron tomar
refrescos. Hablando con Lu, en lo que me pareció cerrar un negocio en una cena
de empresa (oh, espera! lo fue), le ofrecí nuevamente mi ayuda en su trabajo, ya que dijo
que estaba agobiado para terminar su doctorado y que no lo haría dentro del
plazo normal. Esta vez recalqué que me interesaba ser coautor de un trabajo
ajeno. Dijo que estaba encantado de recibir ayuda y que me avisará cuando
comience otro experimento. Me apresuré a ofrecer un brindis para celebrar eso.
..Muestra gastronómica
guindillas y más guindillas.
Tofu, algas. tallos de loto (las rodajas con agujeros) y cosas varias.
una muestra de sopa variada.
Tofu, algas. tallos de loto (las rodajas con agujeros) y cosas varias.
una muestra de sopa variada.
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