lunes, 15 de agosto de 2016
viernes, 12 de agosto de 2016
39- La Gran Muralla.
39- La Gran Muralla
30 de julio
Habíamos quedado a las 8 de la mañana en el hall del hotel
donde se alojaban los españoles. El día anterior habían comentado que si llovía
era mejor hacer una visita a otro sitio cercano a la Gran Muralla. Mientras me
dirigía al hotel comenzó a chispear con intensidad creciente, pero durante el
resto del día el cielo nos dio tregua. Los estudiantes chinos que nos
acompañaron fueron Dong (el brother de Wasson) y una estudiante cuyo nombre
inglés es Bella, que el día anterior había asistido a la charla pero a la cual
no me habían presentado. Al ser poca gente optamos por ir hasta nuestro destino
en un coche alquilado, en lugar de coger el metro y después un autobús. El
viaje en coche duró casi dos horas, nos parecía que todos los habitantes de
Beijing hubieran tenido la misma idea de visitar la Gran Muralla, por lo que el
tráfico era muy denso. Otra explicación a la lentitud de la caravana era que
algunos conductores se detenían en el arcén para vaciar la vejiga. A veces
pienso que a esta gente le llegó la tecnología antes de estar preparados
socialmente para saber utilizarla.
Tras dos horas bastante amenas, pues hicimos las
presentaciones que habían faltado el día anterior, llegamos a un aparcamiento
inmenso, situado cerca de un centro comercial para visitantes de la Gran
Muralla. Abundaban los gorrillas por el aparcamiento, que prácticamente se
agarraban a la furgoneta en la que viajábamos y nos intentaban vender entradas
mal selladas, ponchos para a lluvia o mapas. Cogimos un autobús lanzadera para
ir a la entrada del recorrido, a un par de kilómetros de distancia. El tramo
que visitamos fue Badaling, recibe ese nombre de la montaña donde se sitúa la
muralla. Es el tramo más visitado y uno de los mejor preservados, debido a su
interés turístico. La cantidad de gente era abrumadora, más que en el Palacio de
Verano. Una vez en la muralla, debido a la espesa niebla, se distinguían en
primer lugar las camisetas de color blanco que se movían a lo lejos y después
la muralla que discurría por debajo. Las entradas, si no recuerdo mal (tuvimos
que entregárselas a los alumnos para que el departamento de contabilidad
asumiera el gasto), costaron 40 yuanes. Se podía acceder a dos tramos
diferentes, derecha o izquierda. Durante la cena de ese día Wasson nos comentó
que habíamos escogido el más difícil de recorrer y el menos bonito.
La Gran Muralla… es algo muy antiguo y que requirió una
cantidad ingente de trabajo construir. Tal vez no exista otra cosa comparable,
en ese sentido. Excavar el lago del Palacio de Verano y con la tierra sobrante
formar una colina no supuso apenas esfuerzo al lado de la Gran Muralla. Las
Pirámides, el Coliseo, o incluso la Sagrada Familia (un siglo y todavía en
construcción, luego los catalanes se las dan de trabajadores) se levantaron en
cantidades razonables de tiempo. La Gran Muralla estuvo en construcción más de
20 siglos, la longitud total supera los 21.000km y ni siquiera llegó a
completarse (son segmentos sin conectar). La razón de que no se completara es
una gran ironía: se construyó principalmente para mantener alejados a los
invasores mongoles, pero un general descontento con el Emperador abrió las puertas
de la muralla en el siglo XVII y les permitió entrar y tomar Beijing. ¿Fue este
un fracaso, el fin del imperio chino? Nada de eso, simplemente la dinastía Ming
dio paso a la Qing, de origen manchú (de Mongolia). Fue, recordemos, la última
dinastía, la de la emperatriz viuda Cixí (de la cual hablé en el capítulo del
Palacio de Verano). Al estar los manchúes en el trono, Mongolia se anexionó al
imperio, por lo que la construcción y mantenimiento de la muralla cesaron. No
hubo otro motivo para detener la construcción, podría haber proseguido durante
otro par de siglos.
La Gran Muralla está formada por una empalizada de tierra o
arena cubierta por varias capas de ladrillos, bien de piedra o arcilla cocida.
Se utilizaron los materiales procedentes de las zonas cercanas, que varían
según la provincia. En un tramo que discurría cerca de minas de plata (en Tian
Ling Liao) las rocas tenían alto contenido de este mineral, dando a la muralla
color plateado. Se diseñó para resistir asaltos de caballería y armas de
asedio, por lo que el trazado discurre a través de zonas montañosas que
eliminan la ventaja de la caballería. Lo que más me sorprendió de recorrerla
fue que muchos tramos tenían una gran inclinación, siendo el suelo una escalera
larguísima. La imaginaba más horizontal, simplemente con pendientes suaves, a
juzgar por lo que se ve en las fotografías, pero no es siempre así. Repartidos
a lo largo de la muralla hay puestos de vigilancia que servían de alojamiento a
los soldados. En caso de ataque, podían movilizarse rápidamente para acudir en
defensa de la sección que estuviera siendo asaltada. Se usaban señales de humo
y hogueras para avisar de los ataques. Cada una de las torres tenía accesos o
una estructura interior diferente, para confundir a los asaltantes. En varios
de los fuertes que atravesamos durante nuestra visita era necesario dar una
vuelta extraña en el interior. Otro detalle importante es que la cara exterior
(desde la perspectiva de Beijing) de la Gran Muralla cuenta con almenas a lo
largo de todo su recorrido. Las aberturas tienen medio metro de alto y casi un
metro de largo. Además, el suelo está cubierto por adoquines y cada 10m
aproximadamente hay un desagüe hacia la cara interior, para evitar el
estancamiento de agua en el suelo. En definitiva, no se trata únicamente de una
estructura larga y que haya durado mucho tiempo en pie (ambas cosas tienen de
por sí mucho mérito), sino que está bien diseñada y construida, siendo funcional
durante los siglos en los cuales se realizaba su construcción. No puedo evitar
preguntarme, tras realizar una descripción tan extensa y pensando en la
funcionalidad de la Gran Muralla, si George R. R. Martin se basó en ella para
describir El Muro. O mejor dicho, hasta qué punto lo hizo.
El cielo permaneció nublado durante todo el día y una niebla
densa cubrió la Muralla hasta casi la tarde. Por una parte se agradeció, ya que
nos ahorramos morir de calor, pero las fotos que tomamos no fueron demasiado buenas.
Yo usé mi modesto móvil, mientras que Antonio manejaba su Iphone y un palo de
selfies para tomar fotos de grupo, a la vez que Bella nos retrataba con una
cámara fotográfica bastante buena. Tengo que pedirles una copia de las fotos de
esta semana para hacer una buena selección. Ir a hacer turismo con la cámara
fue buena idea. Volviendo al relato de la Gran Muralla, estuvimos andando desde
pasadas las 11:30 hasta casi las 15:00. Cerca de la entrada la cantidad de
gente era tal que costaba avanzar, especialmente cuando se abrieron los
paraguas. Sin embargo, es el típico sitio al que vas a sacarte cuatro fotos,
por lo que la aglomeración se concentraba sólo cerca de la entrada. Un
kilómetro más adelante la Muralla resultaba más transitable, y a dos kilómetros
no había apenas gente. Un teleférico permitía subir desde la base hasta casi el
punto más elevado del recorrido. En general la Muralla estaba bien cuidada, con
apenas un fuerte que había perdido el tejado y las paredes interiores. El suelo
estaba inclinado hacia un lado en algunas secciones, después de tantos años es
algo normal. Terminamos agotados después de subir largos tramos de escaleras en
las laderas de las colinas, que se alternaban con pendientes inclinadas en las cuales
era sencillo resbalar si los adoquines estaban mojados por la lluvia. En los
tramos con escaleras o rampas habían instalado barandillas para evitar caídas.
Cuando nos cansamos de caminar, varias horas más tarde,
decidimos salir de la Muralla por la primera escalera que encontramos. En la
salida (así como en la entrada) había muchas tiendas de souvenirs. Nos
encontramos además con varios fosos donde habitaban osos negros de Taiwán, más
conocidos como osos luna (Ursus
thibetanus formosanus, lo que hoy es Taiwán antes se llamaba isla de
Formosa). Se denominan osos luna debido a que tienen na característica mancha
de color crema en su pecho, semejante a una luna menguante. El resto de su
pelaje es negro, de un aspecto aterciopelado y bastante espeso. Eran unos
animales bastante simpáticos, la gente les echaba piezas de fruta y ellos se
ponían a dos patas como respuesta. Uno levantaba sus patas delanteras por
encima de la cabeza y daba palmadas. ¿Sería acaso un chino disfrazado con la
piel de un oso para conseguir fruta?
Estábamos a medio camino entre la hora del almuerzo y la de
cenar, así que decidimos comer un bol de noodles en un restaurante y más tarde
cenar en el hotel. Los noodles estaban bastante ricos, el resto de españoles
sentados a la mesa hicieron intentos por comerlos con palillos pero finalmente
optaron por usar tenedores. Tampoco se animaron demasiado con el picante. Una
vez terminamos, pasadas las 16:30, cogimos de nuevo la furgoneta y regresamos a
la ciudad. Estábamos tan agotados que todos nos dormimos
en el camino de vuelta, el viaje se me pasó volando. Cuando llegamos al hotel
nos dirigimos directamente al restaurante, donde Wasson nos esperaba para la
cena. Todavía estábamos digiriendo los noodles, así que no comimos demasiado. Wasson
me agradeció solemnemente mi ayuda como traductor y guía. Teniendo en cuenta
que fue mi oportunidad para visitar la Gran Muralla y que los gastos de todo el
día corrieron a cargo del departamento de Wasson, el placer fue mío.
jueves, 11 de agosto de 2016
miércoles, 10 de agosto de 2016
38- Españoles en Beijing.
38- Españoles en Beijing
29 de julio
Un buen amigo mío me aconsejó en una ocasión (en una etapa
de mi vida en la que estaba algo jodido) que lo mejor para encontrar la
felicidad era no buscarla. Porque si buscas algo y no lo encuentras, te
frustras. Sin embargo, si siempre te conformas con lo que tienes o con las
cosas que te van pasando, nunca te frustras y aprecias mejor las cosas buenas
que te suceden. Como aquel día que mi tutor del TFM me dijo si quería hacer con
él una tesis doctoral y le dije que vale. O cuando me propuso, un mes más tarde
y todavía terminando el TFM, si quería ir medio año a China y le dije que vale.
O cuando tenía que buscar piso en Coruña, lo cual creo que es bastante coñazo,
y una amiga me dijo de ir a vivir con ella y le dije que vale. O cuando me
propuse aprender a hablar chino y a la semana siguiente me presentaron a un
chino que quería aprender español. He dejado de ser vago para convertirme en
estoico, que tiene más caché. Soy un punto inmóvil en el espacio, alrededor del
cual suceden cosas muy deprisa y frente a las cuales me limito a sonreír y
decir “vale”. Cuando, hace unas semanas, Wasson me comentó que un estudiante
español vendría a Beijing y me agradecería que le hiciera de traductor, os
podéis imaginar mi respuesta.
El trasfondo es bastante sencillo. Un profesor de la BFU que
trabaja con aceite de oliva tiene contacto con la Universidad Politécnica de
Madrid, concretamente con una profesora que trabaja en el mismo campo. Wasson
realizará una estancia de un año en la UPM y esta semana llegó un estudiante de
la UPM para dar una conferencia acerca de su trabajo y asistir a un seminario
impartido por estudiantes de la BFU. El nombre del estudiante es Antonio Hueso
(muy apropiado para alguien que trabaja en la industria del aceite de oliva),
ha venido a Beijing junto con su hermana Teresa y un amigo que se llama Miguel
Ángel. Su idea es quedarse una semana entera y visitar todos los sitios
interesantes de Beijing. Pero no controlan demasiado de inglés, esa es la parte
de la ecuación donde entro yo.
Los españoles llegaron el jueves y el viernes Antonio daba
la conferencia, a la cual Wasson nos invitó a Aini y a mí. La conferencia fue
en el mismo hotel donde se alojan, uno de cuatro estrellas cerca de la BFU
(donde se alojaba el Prof. Alpert). El nivel del sitio es bastante alto, tiene
un edificio con un restaurante enorme y salas de conferencias en las plantas
superiores. Alojarse una noche allí sale por 65 euros, que en China es bastante
dinero. La conferencia era a las 14:00 y debimos ser puntuales, pero cuando me
encontraba recogiendo mis cosas en la oficina un ruido extraño me entretuvo.
Era como un helicóptero intentando despegar con el rotor trasero estropeado, o
tal vez como una cigarra medio muerta intentando alzar el vuelo. Tras buscar un
buen rato la encontré y la coloqué debajo de un tupper, dejando un hueco para
que entrara aire. Ni siquiera se mantenía en pie, creo que me la quedaré para
mi colección de insectos. Así es la vida, pequeña.
Llegamos al hotel a tiempo para la conferencia y Wasson hizo
las presentaciones. Estaban allí otros estudiantes, de máster o doctorado, del
mismo departamento (incluyendo su brother), así como el profesor (es una
lástima que no recuerde el nombre, es de los más importantes de la BFU) y la
traductora (una estudiante de la carrera de lengua española recién graduada,
que hablaba muy bien el idioma). Aini no se enteró de mucho, pues Antonio
hablaba en español y una traductora traducía directamente al chino. Le traduje
en inglés alguna cosa que no entendió y le ayudé a formular preguntas. En el
descanso tras la primera presentación (fueron tres en total), Wasson le comentó
discretamente que no hiciera preguntas, porque al formularlas en inglés y
traducir las respuestas yo al inglés el profesor no se enteraba de qué iba la
cosa.
La charla fue excelente. La primera parte consistió en los
factores que afectan a la cantidad y calidad del aceite de oliva producido,
especialmente el riego. La segunda parte fue un enfoque histórico al cultivo de
la oliva en España y un repaso a los experimentos que se están realizando en el
departamento de Antonio. Finalmente, la tercera parte consistió en la
fertilización de los olivares. Nada de echar abono con una pala, se trata de
analizar qué elementos químicos necesitan los árboles y aplicar esos elementos
en disoluciones con agua. La traductora era tan buena que no tuve que ayudar en
ningún momento, pese a que Wasson me lo había pedido.
El cultivo de la oliva en China es un tema fascinante (y del
cual controlo un poco ahora que he asistido a charlas y seminarios al
respecto). Comenzó hace un par de décadas de manera experimental, apenas hay
una empresa que comercializa el aceite de oliva. Los investigadores se
esfuerzan por determinar qué variedades son las más productivas aquí en China
(en España hay un par de cientos), según la temperatura y precipitaciones (i.e.,
la cantidad anual de lluvia) de cada provincia. Las tres en las que hay más
cultivos son Gansu, Sichuan (donde supongo que las aceitunas salen picantes,
como todo cuanto brota de la tierra) y Yunnan. En esas provincias las
temperaturas y precipitaciones son parecidas a las de España, mientras que en
el resto las precipitaciones son el doble o el tripe y los inviernos fríos
dañan los cultivos de oliva. Sin embargo, los chinos no tuvieron en cuenta que
en las distintas partes de España hay diferentes temperaturas y precipitaciones
y que debido a eso se cultivan diferentes variedades. Se limitaron a escoger
las variedades más productivas y plantarlas por todas sus provincias, siendo
que en algunas sólo sobreviven árboles de manera puntual. Tampoco saben qué es
eso del cultivo de secano, el mejor para la calidad del aceite, ya que ellos
consideran que lo mejor es maximizar la producción. No usan el estándar de
calidad del Consejo Oleícola Internacional sino uno nacional, de peor calidad,
debido a que el comercio en el propio país es escaso y en el extranjero es
nulo. El día del seminario, cuando comenté la clasificación española (“virgin
and extra virgin”) alguna asistente se sonrojó. Sin embargo, creo que es un
error querer implementar directamente los mismos cultivos que en otros países
sin haber realizado estudios a largo plazo. Ahí es donde entra la investigación
de Wasson, tremendamente laboriosa y que comentaré en el capítulo del día 31 de
julio.
La conferencia, como digo, estuvo muy bien. En los descansos
aproveché para presentarme a los españoles y resolver las dudas de Aini. Al
terminar nos sacamos bastantes fotos y Antonio intercambió obsequios con el
profesor chino. Trajo consigo tal cargamento de aceite de oliva “extra virgin”
que me pregunto cómo pasó la aduana. Nos regaló a cada uno una botella pequeña
de muestra y a Wasson y al profesor varias botellas grandes. Muchas de las
fotos fueron publicitarias, enseñando la mercancía (la familia de Antonio se
dedica al cultivo de la oliva, la marca era de su pueblo, en Jaén). Tras la
conferencia bajamos a cenar al restaurante del hotel, a donde Aini y yo fuimos
invitados. Fue bastante gratuito, valga la redundancia, teniendo en cuenta que
Aini simplemente era un asistente casual a la charla y que yo no traduje nada.
La cena supuso un intercambio cultural muy interesante, pues
Aini hablaba en chino con el profesor mientras yo conversaba en español con
Antonio y Victoria (la traductora). Hicimos una cata de aceite en las copas de
la cena. Antonio comentó, punto importante, que las catas se hacen siempre en
copas azules para que el color del aceite (verde o amarillo) no sugestione el
sentido del gusto. El aceite que probamos era bastante fuerte, suave en la boca
pero picante al bajar por la garganta. La comida estaba deliciosa, compuesta
por una cantidad de platos abrumadora. Tuvieron cuidado de no pedir nada que
llevara carne de cerdo por deferencia hacia Aini. No detallaré la lista
completa de platos porque a estas alturas es tontería repetirme, las novedades
fueron unas bolas de carne de pollo que tenían dentro cartílago (comí una y no
más), vainas de ocra (Abelmoschus
esculentus) en salsa de wasabi (no la pasta japonesa de color verde, era
una salsa líquida parecida a la de soja, que no picaba demasiado) y una carne
marrón de textura crujiente que según Victoria era de una seta, aunque no
recuerdo el nombre. Era como la carne de zanahoria pero de sabor ligeramente
picante. Las bebidas fueron aceite de oliva y té de flores.
Tras la cena nos despedimos formalmente del profesor, hubo
un intercambio de números de teléfono (acompañados por puntapiés y risas mal
disimuladas de Aini) y acotamos un plan de turismo para el día siguiente,
sábado. Wasson tenía examen de español y Aini clase de francés, por lo que no
pudieron asistir. Yo me apunté de cabeza, no podía dejar pasar la ocasión de
visitar…
¡La Gran Muralla!
(A ver, tampoco es para tanto, es como la muralla de Lugo.
Sólo que con adoquines en lugar de grava. Y un pequeño fuerte cada 100 metros.
Y unas 1.000 veces más larga… Vale, sí, sí es para tanto)
miércoles, 3 de agosto de 2016
37- Black Hawk derribado.
37- Black Hawk Derribado
27 y 28 de julio
El miércoles lo único de provecho que hice en todo el día
fue leer y tener dos horas de clase con Wasson por la noche. He establecido una
nueva marca personal, 210 páginas en un solo día. Podía haber terminado el
libro (Ensayo sobre la ceguera, de Saramago) ese mismo día de no ser por la
clase de chino, pero lo primero es lo primero. El jueves terminé lo poco que me
faltaba por leer y comencé El tambor de hojalata, de Günter Grass. Entre premios
Nobel anda la cosa. Me va a llevar algún tiempo terminarlo, son 450 páginas y
creo que las largas tardes en la oficina sin nada que hacer se terminaron (¡ Ya
iba siendo hora ¡)
El jueves por la mañana fui de compras con Aini. El ratón de
mi portátil comenzó a fallar el día anterior y el touchpad está roto, así que
sin ratón estoy vendido. Nos dirigimos en primer lugar al supermercado para
estudiantes que hay cerca de una de las entradas a la BFU. Se produjo una
situación paradójica. Yo, que no hablo chino, me hubiera limitado a señalar el
ratón que quería, pagar con un billete de 100 y salir de allí con el ratón y el
cambio. Seguramente me hubieran estafado, pero 10 yuanes extra no me suponen
nada. No obstante, Aini habla chino y conoce las costumbres de los chinos. Eso
debería haber ayudado en el proceso, creo, en lugar de terminar con Aini y el
dependiente gritando hasta casi llegar a las manos y nosotros saliendo de allí
sin el ratón. Palabras textuales: “ese hombre tiene un problema en la cabeza, vamos
a comprar a otro sitio”. Eso pasa por intentar regatear de manera demasiado
dura. Pareció ofenderle que nos quisieran cobrar 35 yuanes, 5 míseros euros.
Probamos suerte a continuación en el edificio enorme en
forma de árbol, donde acudo a las clases con Wasson. En el subterráneo, a un
lado de la tienda de café, hay una de souvenirs de la BFU. Pero no tenían lo
que buscábamos, así que fuimos a tiro fijo a una tienda que se encuentra fuera
de la BFU. Atravesamos la Beijing Language and Culture University, que es donde
se acumulan la mayoría de estudiantes extranjeros (y extranjeras). Aini se
entretuvo a preguntar si había algún departamento de lengua española. Una
estudiante comentó que en su clase había una española, él estaba dispuesto a
entrar en el edificio para buscarla pero le hice ver que no era buena idea. Un
poco descarado, tal vez. Sacamos un par de fotos por el campus, pero no nos
entretuvimos demasiado. Estaría bien volver algún otro día para pasear, con
suerte encontremos algún español. Frente a la biblioteca había una estatua que,
creo, era de Confucio.
Tras andar una media hora por un barrio lleno de tiendas y
restaurantes, encontramos lo que buscábamos. Desde la calle la tienda no
destacaba en absoluto, pero el interior era diferente a la típica tienda china.
Todo de un blanco impoluto, estanterías perfectamente ordenadas con productos femeninos
de tocador (creo que era una tienda para mujeres, a decir verdad) y sonando de
fondo una música suave de piano. Estaba todo tremendamente barato en comparación
con España. Altavoces inalámbricos y cargadores portátiles de móvil por menos
de 10 euros, ratones inalámbricos por 3. Compré uno normalillo por 10 yuanes. Pienso
volver a esa tienda, algunas cosas eran más baratas que en los supermercados
que he visitado.
Por la tarde me entretuve buscando souvenirs en Taobao. Ya
tengo pensado qué comprar para los amigos, a ver si encuentro alguna tienda
física que lo venda para no complicarme pidiendo docenas de paquetes online.
Después fui al invernadero a regar las plantas y finalmente, antes de cenar, de
compras. Estaba de tan buen humor que me entretuve dando vueltas sin rumbo por
el supermercado e incluso compré algo de ropa. Compré también algo de té, fruta
y distintas latas de cerveza para ir probando. No soy capaz de beber el té al
ritmo al que lo compro, me van a sobrar bastantes paquetes que irán en la
maleta de vuelta a España. Me fijé en dos cosas curiosas. La primera, que en la
sección de congelados había a la venta distintos tipos de algas. La segunda,
una Ayam Cemani. Suena a un animal fugado de un libro de Tolkien y su aspecto
hace justicia al nombre. Se trata de una variedad de gallinas criadas
principalmente en Indonesia, con la peculiaridad de que tanto su piel como sus
huesos y órganos internos son de color negro (la mascota perfecta para un
gótico). Debido a su escasez son bastante caros, un ejemplar puede llegar a
valer mil dólares el kilo. Como digo, vi uno en una cámara frigorífica,
desplumado y sin cabeza. No tenía un aspecto demasiado apetecible.
Pasadas las nueve de la noche, mientras estaba en la oficina,
escuché un sonido por encima de la música de mis auriculares. Era como si
alguien estuviera aplastando un envoltorio de plástico en el pasillo. Qué raro,
pensé, si a estas horas no hay nadie en la facultad. Me quité un auricular y
noté que el sonido no venía del pasillo. Me quité el otro y miré al techo.
HOSTIAPUTAQUÉESESO!! Una cosa negra enorme estaba zumbando de un lado para otro
a gran velocidad, colisionando con paredes y muebles por igual. ¿Un helicóptero
Apache? Peor. ¿Una avispa asiática? Mil veces peor. Una jodida
cigarra. Volaba tan deprisa que no le daba tiempo a ver lo que tenía delante
antes de chocar. Estuvo un par de minutos intentando auto-aplastarse contra la
pared hasta que se detuvo. Aproveché para sacarle unas fotos e intentar cogerla
con una bolsa para liberarla por la ventana, pero dio un salto y comenzó a
volar de nuevo. Estaba absorto contemplándola cuando pasó literalmente rozando
mi pelo. Entonces me di cuenta de que la posibilidad de que chocara contra mi
cara era real, decidí recoger mis cosas y largarme. Antes de marcharme de la
oficina, la cigarra impactó con unas cajas de cartón encima de un armario y
allí se quedó. No me detuve a comprobar si finalmente se había roto algo o sólo
estaba descansando.
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